domingo, 3 de mayo de 2009

La crisis de los años treinta y su respuesta: el New Deal, Semana 12


En los años treinta se vivió una depresión económica a nivel mundial que tuvo su origen en EE.UU, el país más influyente y con mayor potencial en esos años.
Las causas de la crisis fueron varias: la reducción de la demanda de productos agrícolas y la consiguiente caída de los precios, el escaso aumento de los salarios reales, la aplicación de la electricidad en el sector industrial que hizo aumentar la productividad y la fuerte especulación bursátil. Los sectores que se vieron más afectados fueron las pequeñas explotaciones de trigo, las plantaciones de algodón, el sector de la construcción y la industria de bienes de consumo duradero (electrodomésticos, automóviles, ...).
Pero lo que realmente agravó la depresión y la difundió al resto del mundo fue el crack que se produjo en la bolsa de Nueva York el 29 de octubre de 1929. El auge de las cotizaciones se produjo porque los empresarios colocaron sus beneficios en la bolsa en lugar de invertirlos en el sistema productivo, que resultaba menos atractivo por la escasedad de demanda que había. Así pues, la especulación hizo que el valor de las acciones bajara de manera immediata y que miles de inversores lo perdieran absolutamente todo. Como consecuencia de este hecho, se redujo el crédito, la inversión se retrajo aún más, quebraron más de 100.000 empresas y alrededor del 25% de la población activa se quedó sin trabajo, con lo que se redujo todavía más la demanda de bienes de consumo y los precios. Es la denominada espiral involucionista.
La crisis norteamericana se difundió rápidamente al resto de países europeos a través de dos vías: la comercial y la financiera.

La respuesta a la crisis vino con el New Deal, una política de recuperación propuesta por Roosevelt tras ser elegido presidente de los EE.UU en las elecciones de 1932. Mediante la intervención estatal, se pretendía:
1. Sanear el sistema financiero para restablecer la confianza del público en los bancos.
2. Reactivar la economía estimulando la inversión y el consumo.
3. Obtener un reparto más igualitario de la renta a través de la reducción del paro y medidas sociales.
Algunas de las actuaciones que llevó a cabo el Gobierno estadounidense fueron:
- Política financiera: liquidación de entidades insolventes, división de los bancos en comerciales y de inversión, control de una tercera parte del capital bancario,...
-Política monetaria: incremento de la masa monetaria y devaluación del dólar (41%),..
-Política presupuestaria: incremento del gasto y del déficit público, programas de empleo en obras públicas (Public Work Administration).
-Política agraria: indemnizaciones a los agricultores que redujeran la superfície de cultivo, compra de excedentes agrarios para mantener precios, programa de desarrollo rural (Tennessee Valley Authority).
-Política industrial: suspensión de las leyes antitrust para favorecer acuerdos monopolistas que aumentaran los precios y restringieran la competencia.
-Reformas sociales: jubilación, prestaciones de desempleo y de accidente laboral o enfermedad (Social Security Act)


Aunque el New Deal suscitó muchas críticas, en términos generales resultó beneficioso. Consiguió recuperar la confianza de la gente y reducir el desempleo de manera significativa. Sus detractores creían que era una política inútil y muy costosa que sólo ayudó a los más desfavorecidos y no al sector empresarial ni agrícola, es decir, que se aproximaba más a un modelo socialista o comunista.

La recesión económica que estamos viviendo actualmente es la más parecida a la Gran Depresión del '29, pues también empezó siendo una crisis financiera que ha desembocado en una importante crisis en el sistema productivo mundial. Los Estados de todo el mundo ya están tomando medidas para paliarla, pero habrá que esperar unos años para ver si han resultado efectivas y si, tal como se ha especulado, esta crisis ha agotado las posibilidades del capitalismo.

viernes, 24 de abril de 2009

Consecuencias de la 1ª Guerra Mundial, Semana 11

Con el tratado de Versalles en 1919 se puso fin a la Primera Guerra Mundial, que trajo consigo numerosas consecuencias demográficas, sociales, políticas y económicas.
Desde el punto de vista demográfico, perdieron la vida más de 9 millones de personas entre población militar y civil, que equivale al 7% de la población europea existente antes de la guerra. La mayoría de los fallecidos eran de edad joven, con lo que la reproducción de la siguiente generación se vió afectada. A estas cifras hay que añadirle además el déficit de nacimientos que se produjo en los años de enfrentamiento.
Las consecuencias económicas tras la guerra fueron diversas: como su financiación fue principalmente a través del endeudamiento -en forma de bonos de guerra y de préstamos al exterior-, se generó tal volumen de deuda que los países se vieron forzados a incrementar su oferta monetaria para hacer frente a ella. El valor nominal de los billetes se disparó y ante el temor de no poder asegurar la convertibilidad de los billetes en oro por la falta de divisas, se abandonó el patrón oro. Eso provocó una fuerte inflación, una depreciación de la moneda nacional y un incremento del déficit pressupuestario en numerosos países, que desembocó en una grave crisis. Sin embargo, la recuperación económica fue mucho más dura para los países vencidos -especialmente Alemania-, ya que se les impuso la obligación de sufragar los costes de la guerra (reparaciones de guerra).
Países como Bélgica, Francia y Alemania perdieron importantes cantidades de activos y de capital; los países beligerantes sustituyeron su producción industrial habitual por la producción de bienes militares originando excesos de stock de acero, maquinaria y bienes de la industria naval tras la guerra así como también la pérdida de competitividad de determinados productos.
Además, la guerra había estimulado industrias sustitutivas de importaciones en los países participantes, con lo que el comercio se retrajo significativamente.
Socialmente, el conflicto sirvió para concienciar a las clases trabajadoras de su precaria situación y que se movilizaran en defensa de la democracia y la igualdad.
Y desde un punto de vista político, la guerra consagró aún más el enfrentamiento y el odio entre Alemania y Francia; y el territorio austrohúngaro desapareció dando lugar a Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia.
Los países involucrados tuvieron ciertas dificultades para recuperar los niveles económicos anteriores al conflicto. La prioridad de los Gobiernos fue reincorporarse al patrón oro, pero no todos los países lo hicieron del mismo modo ni tuvieron el mismo éxito. Mientras Gran bretaña optó por mantener la paridad con el oro de antes de la guerra, Francia la mantuvo por debajo mediante la devalución de su moneda. Y Alemania se vió forzada a a crear una nueva moneda debido a la hiperinflación que sufrió.
En cambio, los países neutrales resultaron muy beneficiados de la guerra, pues tuvieron su oportunidad de oro para exportar sus productos, internacionalizarse y conseguir múltiples ganancias con la concesión de créditos.

Por lo tanto, podemos concluir que la Primera Guerra Mundial supuso el fin del liderazgo de los países europeos en la economía mundial fortaleciendo a su vez la posición de otros países como los Estados Unidos y Japón. A partir de ese momento, el dominio del mundo pasó a manos de los americanos, que han mantenido su hegemonía hasta la actualidad. Pero ahora cabe plantearnos si esta situación se mantendrá en el futuro debido a la crisis económica actual y al surgimiento de economías emergentes como China. Además, la experiencia histórica nos muestra que todo conflicto siempre desencadena más pérdidas que ganancias. La mayoría de conflictos se originan por motivos económicos o rivalidades políticas entre países, pero al final siempre se acaba estando en peores condiciones a las anteriores a la guerra.

jueves, 16 de abril de 2009

El patrón oro y la 1ª Guerra Mundial, Semana 10



Esta semana hemos visto el sistema internacional de pagos instaurado por Inglaterra a mediados del siglo XVIII: el patrón oro.
Debido al gran volumen de transacciones comerciales que se producían entre países fue necesario establecer un sistema monetario basado en el dinero fiduciario, es decir, aquel con un valor nominal superior al real. El patrón oro permitía convertir en oro el papel moneda existente y cada Banco Central tenía la obligación de establecer una paridad fija entre la moneda en circulación y el oro. El dinero bancario aumentó de forma espectacular en esa época (entre 1815 y 1913, los billetes bancarios se multiplicaron por 14 y los depósitos a la vista por 50) a causa de las grandes ventajas que ofrecía: permitía aumentar la oferta monetaria nacional y realizar transacciones sin necesidad de utilizar ningún instrumento de pago tangible.
Se creía que con el patrón oro se reajustarían los desequilibrios en la balanza de pagos de forma automática mediante las entradas y salidas de reservas de oro, los precios y los tipos de interés, pero en la realidad no fue así. El sistema dependía mucho del banco central británico y de la cotización de la libra esterlina en los mercados.
Pero a pesar de todo, el patrón oro resultó ser el mejor de los existentes hasta entonces y enseguida fue adoptado por el resto de potencias económicas: Francia, Alemania y EE.UU.
El patrón oro estuvo vigente hasta 1931.


Hoy en día es inimaginable una economía sin dinero fiduciario. La gran cantidad de transacciones tanto comerciales como de capital que se llevan a cabo entre países hace imprescindible disponer de dinero bancario y de una gran variedad de medios de pago. Los depósitos a la vista o cuentas corrientes permiten realizar pagos por transferencia bancaria, que la moneda siga estando en los bancos y que éstos puedan seguir concediendo créditos. El resultado es un aumento en la velocidad de circulación de la moneda y la creación de dinero. Por tanto, podemos concluir que la existencia de dinero fiduciario permite que se produzca un crecimiento económico; de lo contrario, la escasez de moneda podría disminuir la actividad económica y provocar una caída de precios así como también un encarecimiento de los créditos.


También se trató el desarrollo de la 1ª Guerra Mundial (1914-1918). Se habló de los antecedentes -principales rivalidades entre países de la Europa Occidental-, y del desencadenante del estallido de la guerra: el asesinato del heredero Austrohúngaro en Bosnia por parte de los serbios. Se crearon dos bloques: la Triple Alianza -Alemania, Austria e Italia- y el Triple Entente -Reino Unido, Francia y Rusia-, que resultaron vencedores del conflicto cuatro años más tarde. Este duro enfrentamiento involucró a más de 32 países del mundo y tuvó graves consecuencias demográficas, sociales y económicas.

miércoles, 8 de abril de 2009

Movimientos internacionales de trabajo y capital, semana 9


A lo largo del siglo XIX, se produjo la mayor emigración de la historia. Factores políticos, religiosos pero principalmente económicos, hicieron que más de 44 millones de europeos y 11 de no europeos emigraran hacia otros países en busca de una vida mejor. La mayoría de emigrantes fueron ingleses (36%) e italianos(18%) y el principal destino fue Estados Unidos.
Resulta sorprendente que la población inglesa fuera la que más emigró, ya que en esa época Inglaterra era la mayor potencia económica del mundo y gozaba de altos niveles de crecimiento. Pero si tenemos en cuenta que no todas las regiones del país se industrializaron de la misma manera, que la mecanización en el campo destruyó gran parte de la mano de obra agrícola y que ésta no pudo ser absorbida por la industria, ya no nos resulta tan insólito. Esta masiva emigración significó una menor presión demográfica y un aumento de los salarios per cápita en los países de origen.

Además de movimientos del factor trabajo, en esta época también se produjeron importantes movimientos de capital, es decir, inversiones en el exterior por valor de 4.000 millones de libras esterlinas. Tanto el sector de la industria como la urbanización y las plantaciones coloniales necesitaban grandes inversiones de capital para tirar adelante y eso hizo que a principios del siglo XX se empezaran a realizar inversiones en el extranjero. Los mayores inversores fueron Reino Unido (40%) y Francia (20%) y sus principales destinos fueron el resto de Europa y América del Norte (51%). Estos altos porcentajes de inversión extranjera explicarían la decadencia posterior de estas economías, que estuvieron más pendientes del progreso exterior que del propio. En cambio, países como Alemania o EE.UU apostaron por invertir mucho más en su propio territorio y eso les convirtió en el largo plazo en las mayores potencias económicas.

La crisis económica actual hace plantearnos la posibilidad de que se repita un fenómeno similar de emigración europea. Muchas empresas y entidades financieras están desapareciendo o se encuentran en una difícil situación económica, hasta el punto que algunas de ellas se ven obligadas a reducir la producción, a depender de la ayuda Estatal e incluso a recortar plantilla. Eso provoca que muchas famílias se vean envueltas en una complicada situación que finalmente les lleve a emigrar. Sin embargo, no hay que olvidar que gran parte de estos países ya han finalizado su transición demográfica, por lo que su población está estancada y el propio sistema económico es capaz de sostener a la población aunque nos encontremos en una situación de crisis. Por lo tanto, es muy improbable que vuelva a suceder un fenómeno parecido en la actualidad, o por lo menos, que se produzca con la misma intensidad de entonces.

martes, 31 de marzo de 2009

Imperialismo, Economía Internacional y Revolución Rusa; Semana 8


A lo largo del siglo XIX, los países industrializados fueron implantando la división internacional del trabajo a prácticamente el resto del mundo. Las regiones más afectadas por el imperialismo fueron antiguas colonias como las Nuevas Europas, India y América Central, así como también regiones de África y Asia.
Eso supuso un crecimiento muy desequilibrado y desigual respecto a los países colonizadores (su PIB per cápita apenas aumentó o lo hizo muy ligeramante), aunque para las élites políticas y económicas el imperialismo sí resultó rentable. La mayoría de los países sometidos, con el pago de impuestos por parte de las clases trabajadoras, ayudaron a compensar los déficits comerciales de los países imperialistas; de lo contrario, quizás estos países se hubieran hundido o no habrían podido desarrollar una industrialización tan potente.

También se trató el surgimiento de la economía internacional, que se produjo con el inicio del comercio mundial. El 70% del comercio se producía entre países europeos y con las Nuevas Europas, y entre éstos Gran bretaña era el país más participativo. Hasta 1870, los países europeos intercambiaban manufacturas a cambio de materias primas del resto del mundo, pero a partir de entonces se empezaron a intercambiar productos de igual valor añadido debido a los procesos de industrialización iniciados en los demás países. Pero los Estados, a través de sus políticas comerciales, influyeron en la evolución del comercio. Países como Gran Bretaña apostaron por el librecambio en el intercambio de sus productos, pero sólo pudo hacerlo porque disponía de ingresos alternativos como el impuesto sobre la renta. Los países librecambistas se vieron perjudicados frente a los proteccionistas, que protegieron sus productos a través de aranceles para preservar la identidad nacional de sus productos y fomentar el comercio interior. El proteccionismo fue la política comercial dominante en el siglo XIX y resultó muy beneficioso para las industrias monopolísticas y los productores nacionales. Pero por otra parte, fue perjudicial para los consumidores, que se vieron obligados a adquirir los productos autóctonos a pesar de ser menos competitivos y más caros que los internacionales. En definitiva, se puede concluir que los países proteccionistas pudieron desarrollar su industria aislándose y no permitiendo la entrada de productos mucho más rentables y competitivos. Además, no pudieron especializarse en aquellos productos en los que disponían de ventajas comparativas respecto a los demás países. En cambio, los países que optaron por el librecambismo pudieron imponer la división internacional del trabajo y crecer.

Finalmente, se habló de la revolución rusa y de la formación de la URSS. Mediante la socialización de la economía -abolición de la propiedad privada y gestión del Estado-, los soviets consiguieron reducir las desigualdades en la distribución de la riqueza pero no mantener los mismos rendimientos ni lograr la eficiencia económica. Los excedentes para el mercado eran nulos y sólo se recuperaron con el retorno parcial a la economía de mercado, es decir, con la NEP. Con esta nueva política se recuperó la producción y la productividad anteriores a la revolución. Por último, con la planificación centralizada impuesta más tarde por Stalin, se consiguió industrializar el país de manera rápida pero a costa de explotar a la población e imponiéndoles trabajos forzados.
Por tanto, podemos concluir que el comunismo, a pesar de implicar igualdad y bienestar colectivo, no es el mejor sistema económico, porque reduce los incentivos a maximizar beneficios, es decir, no implica eficiencia. Estos hechos se evidencian en países como Cuba o Corea del norte, que hoy en día siguen teniendo un sistema comunista. La situación ideal se encuentra en las economías mixtas, donde se interrelacionan mercado y estado. De esta manera, los fallos de uno los corrige le otro. Este sistema es el más extendido y es el predominante en la mayoría de países del mundo, y especialmente en los más desarrollados.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Segundo círculo de industrialización, semana 7


Durante la séptima semana de clase se vió la industrialización periférica, es decir, los principales avances económicos experimentados en los países de Holanda, Escandinavia -periferia Norte-, Italia, España -Periferia Sur-, Rusia y Japón -Periferia Este-. Todos ellos pertenecen al segundo círculo de industrialización, que empezó a partir de 1870 y que a largo plazo supuso una escasa transformación estructural de estas economías.
Los países de la periferia norte fueron los que más se desarrollaron debido a la abundancia de recursos de que disponían, ya que eran muy demandados en el mercado mundial. Este factor unido a la gran proximidad con los mercados demandantes ,a la adopción de energías como la electricidad y a la inversión de capital extranjero, hicieron que se pasara de economías exportadoras de materias primas a economías dedicadas a la exportación de productos semielaborados y totalmente integradas en el mercado internacional.
Italia y España también crecieron pero a un ritmo inferior a los países escandinavos. Los productos agrarios y los minerales en el caso de España eran los únicos recursos que resultaban atractivos al exterior. Pero lo que dificultó el rápido crecimiento económico de estos países fueron las políticas proteccionistas para favorecer algunas regiones y sectores y un precario sistema educativo. La crisis económica de finales de siglo supuso una mayor diversificación industrial.
Antes de industrializarse por motivos nacionalistas y políticos, Rusia y Japón eran economías feudales, pero mientras el primer país tenía un elevado grado de servidumbre y miseria, el segundo disponía de una importante tradición artesana y manufacturera y de una elevada formación cultural. Estos dos puntos de partida distintos provocaron una industrialización más fuerte y consolidada en Japón.

Después de ver los procesos de industrialización de estos países, se puede concluir que éstos no hubieran sido posibles sin la entrada de capital extranjero en aquellos sectores potencialmente competitivos como puede ser el hierro en España y la energía hidroeléctrica en Italia. Sin embargo, el endeudamiento de los Gobiernos también ayudó a financiar la construcción de la red ferroviaria y de varias infraestructuras públicas nacionales. Y esta situación se parece mucho a la que están viviendo actualmente algunos países del Tercer Mundo, que hace algunos años contrajeron importantes deudas externas con los países ricos para poder financiar sus procesos de industrialización y desarrollo y ahora les resulta muy difícil saldarlas por los elevados tipos de interés. Pero lo que resulta más sorprendente es que ese dinero prestado, en la mayoría de los casos, fue a parar a manos corruptas y no se destinó ni al desarrollo ni al progreso, lo que significa que estos países se encuentran en la misma situación que antes o incluso peor porque están sobreendeudados.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La difusión de la industrialización, semana 6


Durante la semana del 9 al 13 de marzo vimos los procesos de industrialización y crecimiento de las economías próximas a Gran Bretaña, es decir, aquellas pertenecientes al primer círculo de difusión de la Revolución Industrial: Bélgica, Suiza, Francia, Alemania y EE.UU.
Gran Bretaña, que había sido la principal potencia económica mundial desde 1830, a partir de 1870 empieza a decaer. Fue el primer país en producir y exportar maquinaria y productos industriales, pero a partir de 1870 el incremento de la producción y las políticas proteccionistas adoptadas en los demás países, la escasa educación técnica, la aversión a formar sociedades anónimas y la incapacidad para invertir en los sectores innovadores de la 2ª Revolución Industrial limitaron la expansión internacional del comercio británico.

En cambio, países como Francia y Alemania se concentraron en sectores nuevos, muy rentables y de gran demanda mundial, con lo que consiguieron crecer de manera espectacular entre 1840 y 1870. A partir de ese momento, Francia ralentiza su crecimiento debido a la derrota en la guerra franco-prusiana, a una crisis agrícola y a la inversión de capital hacia el exterior, impidiendo la formación de empresas nacionales lo suficientemente grandes y preparadas para la 2ª Revolución. Alemania, por el contrario, acelera su crecimiento gracias a la actuación del Estado.

Estados Unidos empezó siendo un territorio colonial sin ninguna tradición artesana pero gracias a la presión demográfica fruto de la immigración y a la adopción de procesos industriales europeos experimentó el mayor crecimiento económico a partir de 1860. Una de las claves de su progreso y desarrollo fue la implantación del taylorismo y de las grandes corporaciones.


Los hechos históricos han demostrado que los países que se industrializaron primero tienen algunos aspectos en común: el apoyo institucional y la educación técnica y empresarial. Es evidente que la formación de capital humano es muy importante para que éste en un futuro pueda dedicarse a la investigación y desarrollar nuevas técnicas y métodos para el progreso y el crecimiento tanto económico como social. Alemania fue uno de esos países que decidió apostar por la educación popular y la creación de escuelas técnicas y no le fue nada mal.

Sin embargo, sin el apoyo del Estado y una legislación económica no hubiera sido posible: la protección del mercado interior mediante aranceles y la legalización de cárteles (que permitió vender a las empresas con dumping) favoreció el crecimiento y la industrialización. Por tanto, se podría concluir que lo que hace progresar a una región o país no está sólo en la capacidad de producción sino en la habilidad para desarrollar nuevas técnicas y en la actuación del Estado y la legislación vigente en ese momento. Eso explicaría que países africanos o de Sudamérica, cuyos Estados están dirigidos de forma corrupta para defender los intereses de unos pocos no tengan un crecimiento económico elevado.