Durante la semana del 9 al 13 de marzo vimos los procesos de industrialización y crecimiento de las economías próximas a Gran Bretaña, es decir, aquellas pertenecientes al primer círculo de difusión de la Revolución Industrial: Bélgica, Suiza, Francia, Alemania y EE.UU.
Gran Bretaña, que había sido la principal potencia económica mundial desde 1830, a partir de 1870 empieza a decaer. Fue el primer país en producir y exportar maquinaria y productos industriales, pero a partir de 1870 el incremento de la producción y las políticas proteccionistas adoptadas en los demás países, la escasa educación técnica, la aversión a formar sociedades anónimas y la incapacidad para invertir en los sectores innovadores de la 2ª Revolución Industrial limitaron la expansión internacional del comercio británico.
En cambio, países como Francia y Alemania se concentraron en sectores nuevos, muy rentables y de gran demanda mundial, con lo que consiguieron crecer de manera espectacular entre 1840 y 1870. A partir de ese momento, Francia ralentiza su crecimiento debido a la derrota en la guerra franco-prusiana, a una crisis agrícola y a la inversión de capital hacia el exterior, impidiendo la formación de empresas nacionales lo suficientemente grandes y preparadas para la 2ª Revolución. Alemania, por el contrario, acelera su crecimiento gracias a la actuación del Estado.
Estados Unidos empezó siendo un territorio colonial sin ninguna tradición artesana pero gracias a la presión demográfica fruto de la immigración y a la adopción de procesos industriales europeos experimentó el mayor crecimiento económico a partir de 1860. Una de las claves de su progreso y desarrollo fue la implantación del taylorismo y de las grandes corporaciones.
Los hechos históricos han demostrado que los países que se industrializaron primero tienen algunos aspectos en común: el apoyo institucional y la educación técnica y empresarial. Es evidente que la formación de capital humano es muy importante para que éste en un futuro pueda dedicarse a la investigación y desarrollar nuevas técnicas y métodos para el progreso y el crecimiento tanto económico como social. Alemania fue uno de esos países que decidió apostar por la educación popular y la creación de escuelas técnicas y no le fue nada mal.
Sin embargo, sin el apoyo del Estado y una legislación económica no hubiera sido posible: la protección del mercado interior mediante aranceles y la legalización de cárteles (que permitió vender a las empresas con dumping) favoreció el crecimiento y la industrialización. Por tanto, se podría concluir que lo que hace progresar a una región o país no está sólo en la capacidad de producción sino en la habilidad para desarrollar nuevas técnicas y en la actuación del Estado y la legislación vigente en ese momento. Eso explicaría que países africanos o de Sudamérica, cuyos Estados están dirigidos de forma corrupta para defender los intereses de unos pocos no tengan un crecimiento económico elevado.
Gran Bretaña, que había sido la principal potencia económica mundial desde 1830, a partir de 1870 empieza a decaer. Fue el primer país en producir y exportar maquinaria y productos industriales, pero a partir de 1870 el incremento de la producción y las políticas proteccionistas adoptadas en los demás países, la escasa educación técnica, la aversión a formar sociedades anónimas y la incapacidad para invertir en los sectores innovadores de la 2ª Revolución Industrial limitaron la expansión internacional del comercio británico.
En cambio, países como Francia y Alemania se concentraron en sectores nuevos, muy rentables y de gran demanda mundial, con lo que consiguieron crecer de manera espectacular entre 1840 y 1870. A partir de ese momento, Francia ralentiza su crecimiento debido a la derrota en la guerra franco-prusiana, a una crisis agrícola y a la inversión de capital hacia el exterior, impidiendo la formación de empresas nacionales lo suficientemente grandes y preparadas para la 2ª Revolución. Alemania, por el contrario, acelera su crecimiento gracias a la actuación del Estado.
Estados Unidos empezó siendo un territorio colonial sin ninguna tradición artesana pero gracias a la presión demográfica fruto de la immigración y a la adopción de procesos industriales europeos experimentó el mayor crecimiento económico a partir de 1860. Una de las claves de su progreso y desarrollo fue la implantación del taylorismo y de las grandes corporaciones.
Los hechos históricos han demostrado que los países que se industrializaron primero tienen algunos aspectos en común: el apoyo institucional y la educación técnica y empresarial. Es evidente que la formación de capital humano es muy importante para que éste en un futuro pueda dedicarse a la investigación y desarrollar nuevas técnicas y métodos para el progreso y el crecimiento tanto económico como social. Alemania fue uno de esos países que decidió apostar por la educación popular y la creación de escuelas técnicas y no le fue nada mal.
Sin embargo, sin el apoyo del Estado y una legislación económica no hubiera sido posible: la protección del mercado interior mediante aranceles y la legalización de cárteles (que permitió vender a las empresas con dumping) favoreció el crecimiento y la industrialización. Por tanto, se podría concluir que lo que hace progresar a una región o país no está sólo en la capacidad de producción sino en la habilidad para desarrollar nuevas técnicas y en la actuación del Estado y la legislación vigente en ese momento. Eso explicaría que países africanos o de Sudamérica, cuyos Estados están dirigidos de forma corrupta para defender los intereses de unos pocos no tengan un crecimiento económico elevado.

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