
A lo largo del siglo XIX, los países industrializados fueron implantando la división internacional del trabajo a prácticamente el resto del mundo. Las regiones más afectadas por el imperialismo fueron antiguas colonias como las Nuevas Europas, India y América Central, así como también regiones de África y Asia.
Eso supuso un crecimiento muy desequilibrado y desigual respecto a los países colonizadores (su PIB per cápita apenas aumentó o lo hizo muy ligeramante), aunque para las élites políticas y económicas el imperialismo sí resultó rentable. La mayoría de los países sometidos, con el pago de impuestos por parte de las clases trabajadoras, ayudaron a compensar los déficits comerciales de los países imperialistas; de lo contrario, quizás estos países se hubieran hundido o no habrían podido desarrollar una industrialización tan potente.
También se trató el surgimiento de la economía internacional, que se produjo con el inicio del comercio mundial. El 70% del comercio se producía entre países europeos y con las Nuevas Europas, y entre éstos Gran bretaña era el país más participativo. Hasta 1870, los países europeos intercambiaban manufacturas a cambio de materias primas del resto del mundo, pero a partir de entonces se empezaron a intercambiar productos de igual valor añadido debido a los procesos de industrialización iniciados en los demás países. Pero los Estados, a través de sus políticas comerciales, influyeron en la evolución del comercio. Países como Gran Bretaña apostaron por el librecambio en el intercambio de sus productos, pero sólo pudo hacerlo porque disponía de ingresos alternativos como el impuesto sobre la renta. Los países librecambistas se vieron perjudicados frente a los proteccionistas, que protegieron sus productos a través de aranceles para preservar la identidad nacional de sus productos y fomentar el comercio interior. El proteccionismo fue la política comercial dominante en el siglo XIX y resultó muy beneficioso para las industrias monopolísticas y los productores nacionales. Pero por otra parte, fue perjudicial para los consumidores, que se vieron obligados a adquirir los productos autóctonos a pesar de ser menos competitivos y más caros que los internacionales. En definitiva, se puede concluir que los países proteccionistas pudieron desarrollar su industria aislándose y no permitiendo la entrada de productos mucho más rentables y competitivos. Además, no pudieron especializarse en aquellos productos en los que disponían de ventajas comparativas respecto a los demás países. En cambio, los países que optaron por el librecambismo pudieron imponer la división internacional del trabajo y crecer.
Finalmente, se habló de la revolución rusa y de la formación de la URSS. Mediante la socialización de la economía -abolición de la propiedad privada y gestión del Estado-, los soviets consiguieron reducir las desigualdades en la distribución de la riqueza pero no mantener los mismos rendimientos ni lograr la eficiencia económica. Los excedentes para el mercado eran nulos y sólo se recuperaron con el retorno parcial a la economía de mercado, es decir, con la NEP. Con esta nueva política se recuperó la producción y la productividad anteriores a la revolución. Por último, con la planificación centralizada impuesta más tarde por Stalin, se consiguió industrializar el país de manera rápida pero a costa de explotar a la población e imponiéndoles trabajos forzados.
Por tanto, podemos concluir que el comunismo, a pesar de implicar igualdad y bienestar colectivo, no es el mejor sistema económico, porque reduce los incentivos a maximizar beneficios, es decir, no implica eficiencia. Estos hechos se evidencian en países como Cuba o Corea del norte, que hoy en día siguen teniendo un sistema comunista. La situación ideal se encuentra en las economías mixtas, donde se interrelacionan mercado y estado. De esta manera, los fallos de uno los corrige le otro. Este sistema es el más extendido y es el predominante en la mayoría de países del mundo, y especialmente en los más desarrollados.
Eso supuso un crecimiento muy desequilibrado y desigual respecto a los países colonizadores (su PIB per cápita apenas aumentó o lo hizo muy ligeramante), aunque para las élites políticas y económicas el imperialismo sí resultó rentable. La mayoría de los países sometidos, con el pago de impuestos por parte de las clases trabajadoras, ayudaron a compensar los déficits comerciales de los países imperialistas; de lo contrario, quizás estos países se hubieran hundido o no habrían podido desarrollar una industrialización tan potente.
También se trató el surgimiento de la economía internacional, que se produjo con el inicio del comercio mundial. El 70% del comercio se producía entre países europeos y con las Nuevas Europas, y entre éstos Gran bretaña era el país más participativo. Hasta 1870, los países europeos intercambiaban manufacturas a cambio de materias primas del resto del mundo, pero a partir de entonces se empezaron a intercambiar productos de igual valor añadido debido a los procesos de industrialización iniciados en los demás países. Pero los Estados, a través de sus políticas comerciales, influyeron en la evolución del comercio. Países como Gran Bretaña apostaron por el librecambio en el intercambio de sus productos, pero sólo pudo hacerlo porque disponía de ingresos alternativos como el impuesto sobre la renta. Los países librecambistas se vieron perjudicados frente a los proteccionistas, que protegieron sus productos a través de aranceles para preservar la identidad nacional de sus productos y fomentar el comercio interior. El proteccionismo fue la política comercial dominante en el siglo XIX y resultó muy beneficioso para las industrias monopolísticas y los productores nacionales. Pero por otra parte, fue perjudicial para los consumidores, que se vieron obligados a adquirir los productos autóctonos a pesar de ser menos competitivos y más caros que los internacionales. En definitiva, se puede concluir que los países proteccionistas pudieron desarrollar su industria aislándose y no permitiendo la entrada de productos mucho más rentables y competitivos. Además, no pudieron especializarse en aquellos productos en los que disponían de ventajas comparativas respecto a los demás países. En cambio, los países que optaron por el librecambismo pudieron imponer la división internacional del trabajo y crecer.
Finalmente, se habló de la revolución rusa y de la formación de la URSS. Mediante la socialización de la economía -abolición de la propiedad privada y gestión del Estado-, los soviets consiguieron reducir las desigualdades en la distribución de la riqueza pero no mantener los mismos rendimientos ni lograr la eficiencia económica. Los excedentes para el mercado eran nulos y sólo se recuperaron con el retorno parcial a la economía de mercado, es decir, con la NEP. Con esta nueva política se recuperó la producción y la productividad anteriores a la revolución. Por último, con la planificación centralizada impuesta más tarde por Stalin, se consiguió industrializar el país de manera rápida pero a costa de explotar a la población e imponiéndoles trabajos forzados.
Por tanto, podemos concluir que el comunismo, a pesar de implicar igualdad y bienestar colectivo, no es el mejor sistema económico, porque reduce los incentivos a maximizar beneficios, es decir, no implica eficiencia. Estos hechos se evidencian en países como Cuba o Corea del norte, que hoy en día siguen teniendo un sistema comunista. La situación ideal se encuentra en las economías mixtas, donde se interrelacionan mercado y estado. De esta manera, los fallos de uno los corrige le otro. Este sistema es el más extendido y es el predominante en la mayoría de países del mundo, y especialmente en los más desarrollados.



