Con el tratado de Versalles en 1919 se puso fin a la Primera Guerra Mundial, que trajo consigo numerosas consecuencias demográficas, sociales, políticas y económicas.Desde el punto de vista demográfico, perdieron la vida más de 9 millones de personas entre población militar y civil, que equivale al 7% de la población europea existente antes de la guerra. La mayoría de los fallecidos eran de edad joven, con lo que la reproducción de la siguiente generación se vió afectada. A estas cifras hay que añadirle además el déficit de nacimientos que se produjo en los años de enfrentamiento.
Las consecuencias económicas tras la guerra fueron diversas: como su financiación fue principalmente a través del endeudamiento -en forma de bonos de guerra y de préstamos al exterior-, se generó tal volumen de deuda que los países se vieron forzados a incrementar su oferta monetaria para hacer frente a ella. El valor nominal de los billetes se disparó y ante el temor de no poder asegurar la convertibilidad de los billetes en oro por la falta de divisas, se abandonó el patrón oro. Eso provocó una fuerte inflación, una depreciación de la moneda nacional y un incremento del déficit pressupuestario en numerosos países, que desembocó en una grave crisis. Sin embargo, la recuperación económica fue mucho más dura para los países vencidos -especialmente Alemania-, ya que se les impuso la obligación de sufragar los costes de la guerra (reparaciones de guerra).
Países como Bélgica, Francia y Alemania perdieron importantes cantidades de activos y de capital; los países beligerantes sustituyeron su producción industrial habitual por la producción de bienes militares originando excesos de stock de acero, maquinaria y bienes de la industria naval tras la guerra así como también la pérdida de competitividad de determinados productos.
Además, la guerra había estimulado industrias sustitutivas de importaciones en los países participantes, con lo que el comercio se retrajo significativamente.
Países como Bélgica, Francia y Alemania perdieron importantes cantidades de activos y de capital; los países beligerantes sustituyeron su producción industrial habitual por la producción de bienes militares originando excesos de stock de acero, maquinaria y bienes de la industria naval tras la guerra así como también la pérdida de competitividad de determinados productos.
Además, la guerra había estimulado industrias sustitutivas de importaciones en los países participantes, con lo que el comercio se retrajo significativamente.
Socialmente, el conflicto sirvió para concienciar a las clases trabajadoras de su precaria situación y que se movilizaran en defensa de la democracia y la igualdad.
Y desde un punto de vista político, la guerra consagró aún más el enfrentamiento y el odio entre Alemania y Francia; y el territorio austrohúngaro desapareció dando lugar a Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia.
Y desde un punto de vista político, la guerra consagró aún más el enfrentamiento y el odio entre Alemania y Francia; y el territorio austrohúngaro desapareció dando lugar a Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia.
Los países involucrados tuvieron ciertas dificultades para recuperar los niveles económicos anteriores al conflicto. La prioridad de los Gobiernos fue reincorporarse al patrón oro, pero no todos los países lo hicieron del mismo modo ni tuvieron el mismo éxito. Mientras Gran bretaña optó por mantener la paridad con el oro de antes de la guerra, Francia la mantuvo por debajo mediante la devalución de su moneda. Y Alemania se vió forzada a a crear una nueva moneda debido a la hiperinflación que sufrió.
En cambio, los países neutrales resultaron muy beneficiados de la guerra, pues tuvieron su oportunidad de oro para exportar sus productos, internacionalizarse y conseguir múltiples ganancias con la concesión de créditos.
Por lo tanto, podemos concluir que la Primera Guerra Mundial supuso el fin del liderazgo de los países europeos en la economía mundial fortaleciendo a su vez la posición de otros países como los Estados Unidos y Japón. A partir de ese momento, el dominio del mundo pasó a manos de los americanos, que han mantenido su hegemonía hasta la actualidad. Pero ahora cabe plantearnos si esta situación se mantendrá en el futuro debido a la crisis económica actual y al surgimiento de economías emergentes como China. Además, la experiencia histórica nos muestra que todo conflicto siempre desencadena más pérdidas que ganancias. La mayoría de conflictos se originan por motivos económicos o rivalidades políticas entre países, pero al final siempre se acaba estando en peores condiciones a las anteriores a la guerra.
Esta semana hemos visto el sistema internacional de pagos instaurado por Inglaterra a mediados del siglo XVIII: el patrón oro.
También se trató el desarrollo de la 1ª Guerra Mundial (1914-1918). Se habló de los antecedentes -principales rivalidades entre países de la Europa Occidental-, y del desencadenante del estallido de la guerra: el asesinato del heredero Austrohúngaro en Bosnia por parte de los serbios. Se crearon dos bloques: la Triple Alianza -Alemania, Austria e Italia- y el Triple Entente -Reino Unido, Francia y Rusia-, que resultaron vencedores del conflicto cuatro años más tarde. Este duro enfrentamiento involucró a más de 32 países del mundo y tuvó graves consecuencias demográficas, sociales y económicas. 
